Derrames transgŽnicos: Àindiferencia criminal?

Elena çlvarez-Buylla *

12/02/2015

En este nuevo a–o es crucial seguir con la defensa de nuestro ma’z y las milpas; es una apuesta por nuestra cultura y tambiŽn por nuestro ambiente y nuestra salud. Todo ello depende, en gran medida, de la producci—n campesina sin agrot—xicos. Este tipo de producci—n agroecol—gica de alimentos sanos, sin da–ar el ambiente y destruir la biodiversidad de MŽxico, se finca en conocimientos, diversidad de cultivos, tecnolog’as y organizaci—n comunales invaluables para poder recuperar la soberan’a alimentaria.

 

Las empresas agroindustriales, con la complicidad del gobierno de MŽxico, se empe–an en destruir esta apuesta civilizatoria en favor del negocio. Muestra de ello es lo que reporta la revista Contral’nea del pasado 18 de enero, en torno a descarrilamientos repetidos de 2010 a 2013 que causaron el derrame de 800 toneladas de ma’z y algod—n transgŽnico en Chihuahua, Guanajuato y Veracruz. Las responsables son tres empresas que producen y/o usan semillas genŽticamente modificadas. De esto se dio aviso a la Comisi—n Intersecretarial de Bioseguridad de Organismos GenŽticamente Modificados (Cibiogem) y al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). Indigna que estas entidades no hayan realizado las investigaciones necesarias o publicado reportes tŽcnicos que den cuenta cabal de c—mo evitaron que este grano contaminara siembras de ma’z nativo y llegara a sitios no aprobados para su uso.

Se ha demostrado cient’ficamente que los transgŽnicos pueden moverse a miles de kil—metros de distancia por medio de las cadenas de intercambio de semillas; una vez que Žstas germinan y las plantas maduran, florecen y producen polen, en Žste se mueven los transgenes a cientos de kilomŽtros. Estos derrames pudieron haberse vuelto focos de contaminaci—n y los tŽcnicos del gobierno de MŽxico, encargados de evitar y dar seguimiento a esto, no han cumplido con su obligaci—n. Urge subsanar esta situaci—n y fincar responsabilidades.

En general, hay que averiguar si los transgŽnicos siguen contaminando nuestros ma’ces nativos que se distribuyen en todo el pa’s, que es centro de origen y diversidad del grano. Los tŽcnicos encargados de la bioseguridad fueron incapaces de corroborar la contaminaci—n reportada en 2001 por Quist y Chapela en Oaxaca. Pero diversos laboratorios independientes, incluido el nuestro, demostraron que s’ hab’a contaminaci—n en Oaxaca y otros sitios. Afortunadamente, aœn es reversible, pero los transgenes no se pueden contener dentro de los campos en los cuales se siembran, pues se mueven v’a polen y semillas. En vez de evitar a toda costa la contaminaci—n y asumir su responsabilidad con la bioseguridad, el gobierno es indiferente o se colude con las corporaciones y en contra del interŽs pœblico. Adem‡s, va autorizando nuevos productos para consumo y siembras, como la soya, que tambiŽn tiene implicaciones nefastas: puede afectar de manera irreversible a las abejas y la producci—n de miel mexicana, una de las mejores del mundo.

Es inaceptable que el gobierno no cuide nuestro alimento b‡sico: el ma’z. Dados los datos de salud en Estados Unidos, donde el incremento de la prevalencia de 22 enfermedades, incluidos varios tipos de c‡ncer ( La Jornada, 28/11/14), se ha asociado al aumento pavoroso de glifosato, usado en cultivos transgŽnicos desde la dŽcada de 1990, es urgente que se evite el uso de los cultivos transgŽnicos en alimentos procesados.

En Argentina han aumentado los casos de malformaciones en bebŽs de madres que viven cerca de siembras de soya transgŽnica, y en Brasil han encontrado un nœmero mayor de anomal’as genŽticas y celulares en personas asociadas a ese cultivo en comparaci—n con un grupo control. Los estudios de SŽralini y colaboradores que se publicaron en 2011, y m‡s tarde la revista retir—, fueron divulgados en otra revista con estricto arbitraje, reforzando la evidencia de que las ratas alimentadas con transgŽnicos presentan afectaciones en diversos —rganos, incluyendo ri–ones e h’gado, mueren antes y tienen mayor probabilidad de desarrollar c‡ncer que las alimentadas con no transgŽnicos.

La falta de etiquetado imposibilita dar seguimiento causal a la relaci—n entre el consumo de transgŽnicos y la propensi—n a sufrir enfermedades en las personas, pero los datos que se van acumulando son sumamente preocupantes y sugerentes de que la producci—n de alimentos con base en la tecnolog’a agroindustrial a partir de la dŽcada de 1990 causan detrimento de la salud.

Urge apoyar los modos campesinos de producci—n, que en conjunto con una verdadera ciencia que se comprometa socioambientalmente ser‡n imprescindibles para un programa agr’cola integral capaz de recuperar la soberan’a alimentaria sin destruir el ambiente y la biodiversidad.

Con base en toda la evidencia acumulada, en Estados Unidos exigen que se etiqueten los alimentos derivados de transgŽnicos y en Europa es obligatorio hacerlo. Sin embargo, en MŽxico el gobierno ha autorizado un nœmero mayor de l’neas transgŽnicas, lo que tal vez implica que ya es m‡s probable encontrar aqu’ productos con ma’z transgŽnico que en Europa.

En contradicci—n con lo que van demostrando la ciencia y la realidad, y lo que ser’a congruente con nuestra bioseguridad y soberan’a alimentaria y sanitaria, el gobierno federal parece tener acuerdos poco transparentes con los grandes productores de transgŽnicos y con empresas que le han entrado al negocio (por ejemplo, Maseca y los comercializadores de Faena), y que est‡n dispuestos a mentir o a ignorar los datos cient’ficos en el tema. En las zonas rurales m‡s pobres del pa’s, por ejemplo, a lo largo de los caminos que llevan a los pueblos de los Altos de Chiapas se encuentran por todos lados grandes anuncios de estos productos, que han ido penetrando en nuestro campo y en las casas de algunas de las familias m‡s humildes de MŽxico.

No sabemos en que medida Žste y otros derivados de los cultivos modificados est‡n llegando a nuestras tortillas, totopos, tostadas, pozoles, tamales, tlacoyos, atoles, tejuinos, memelas, quesadillas, chalupas, sopes y tantas otras formas que toma el ma’z, nuestro alimento b‡sico, cuando llega a nuestras mesas. Es urgente averiguar si estas distribuidoras de masa, almidones, jarabes y ma’z para tortillas y otros alimentos b‡sicos para los mexicanos aœn tienen contaminaci—n con transgŽnicos, como se document— hace algunos a–os.

* Investigadora del Instituto de Ecolog’a de la UNAM, coordinadora de Campa–as de la UCCS.

 

 

Aleira Lara Galicia

 

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